En verano, ¿tengo que tener un cuidado especial de los ojos?

Por Andrés O’Dogherty, licenciado en Biología. Técnico en parafarmacia mundonatural c/ Fernando el Católico (Madrid)

Como todos sabemos, nuestros ojos son los encargados de captar la luz que nos llega para ver. Esto es debido gracias a unas células especiales que tenemos en la zona de la retina (llamadas conos y bastones) que son capaces de desencadenar una serie de reacciones en su interior a través de un estímulo lumínico. Este estímulo se transmite por el nervio óptico hasta el cerebro y es el que interpreta la imagen.

Pero la luz que nos llega del sol no es toda luz visible. La luz visible es solo una muy fina franja de lo que conocemos como el espectro electromagnético (todo el conjunto de radiaciones emitidas por el sol) y cada tipo de radiación lleva energía asociada. La luz visible se compone de los siete colores del arco iris, de los que el violeta es el color que tiene más energía y el rojo el color que menos. Por encima del color violeta encontramos radiación de alta energía (rayos UV, rayos X o rayos gamma) y por debajo del rojo encontramos las radiaciones de baja energía (infrarrojos, microondas y ondas de radio). Todo ese conjunto de ondas fuera del visible son ondas que no vemos, pero que si podemos sentir: por ejemplo, la radiación infrarroja se manifiesta siempre como calor, pero los que nos interesan en este caso son famosos UV que nos queman la piel en verano, así como otros órganos como es el caso de los ojos. Tenemos tres clases de rayos UV:

UVC: ultravioletas de onda corta. Son los más peligrosos, pero son absorbidos por el oxígeno y el ozono de la atmósfera (por ello es tan importante la capa de ozono).

  • UVB: ultravioletas de onda media. Parte son absorbidos por la atmósfera y una pequeña parte llega a la Tierra. Producen quemaduras o cáncer de piel.
  • UVA: ultravioletas de onda larga. Son los menos peligrosos, pero llegan a la superficie de la Tierra. La mayoría de problemas de ojos y piel asociados a la exposición solar son producidos por los UVA.

En el caso de los ojos, la mayoría de UVA son absorbidos por el cristalino, pero largas exposiciones pueden dañar todas las partes oculares:

  • Párpados: quemaduras y cáncer de piel del párpado.
  • Córnea: se pueden producir pequeñas ulceraciones conocidas como fotoqueratitis.
  • Conjuntiva: fotoconjuntivitis, produciendo picor, enrojecimiento, dolor y lagrimeo.
  • Cristalino: oscurecimiento de este (las conocidas cataratas).
  • Retina: puede causar muerte de las células fotosensibles, lo que llamamos degeneración macular.

En verano, los rayos del sol llegan más perpendiculares a la superficie de la Tierra, por eso hace más calor: la misma cantidad de energía se reparte en una superficie más pequeña. Un experimento para comprobar esto sería encender un flexo de mesa: si ponemos la luz del flexo que caiga perpendicular a la mesa y ponemos la mano veremos que empezaremos a quemarnos la mano antes que si ponemos la luz oblicua. Por eso, si de por sí debemos cuidar nuestro ojos, en verano debemos protegerlos aún más. Además con el calor y el buen tiempo tendemos a hacer más actividades en el exterior, por lo que es importante el uso de gafas de sol con filtro UV (si se van a llevar gafas sin filtro es incluso mejor no llevarlas, ya que pueden acelerar el daño concentrando los rayos de sol). Debemos procurar evitar las horas de máxima iluminación (mediodía y primeras de la tarde) y reducir cuanto sea posible las horas de exposición al sol.

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